Joaquín Mansilla, el primer niño que tocó el afamado Tumi de oro. Fotografía: Melissa Merino.

Tacto Museo: tocar lo prohibido

Momias de cartón, huacos de PLA, vasos ceremoniales de resina. El Centro de Innovación Tecnológica de la Universidad de Lima ha replicado piezas del Museo de Oro en 3D para que las personas con discapacidad visual puedan tocarlas sin culpa, y para que nosotros saciemos nuestra curiosidad infantil.

Renzo Gómez
11 Nov 2019 | 18:10 h

Desde ahora lo prohibido será no tocar. Adiós a los cartelitos que nos castran la curiosidad. Bendita la tecnología y sus hornos donde se cocinan, en distintos materiales, capa por capa, hilo a hilo, piezas en tres dimensiones.

Desde cerrojos hasta minicorazones. Desde jaboneras hasta trenes de juguete. Y recientemente, gracias al Centro de Innovación Tecnológica (CIT) de la Universidad de Lima, huacos, máscaras, vasos ceremoniales, orejeras, momias y tumis.

No solo con un espíritu juguetón (hay que tenerlo en cierta medida para replicar objetos) sino altruista. ¿Qué experiencia se puede llevar un invidente de un museo convencional? ¿Con qué sensación se quedará después de que le hablaron de decenas de objetos que no tendrá cómo representar en su mente?

Fabricio Paredes, profesor de Ingeniería Industrial de la Universidad de Lima y director fundador del CIT, palpó muchas de estas inquietudes en el colegio San Francisco de Asís, en Surco. “Cuando uno llega a ese colegio, los niños te cogen la cara. Así te saludan y te conocen. Saben si eres hombre o mujer. Estar con ellos me ha permitido saber a ciencia cierta qué les hace falta”, dice.

En los museos les hacía falta ver con el tacto. ¿De qué otra manera si no? Paredes y su equipo interdisciplinario, conformado por arquitectos, ingenieros mecánicos, industriales, electrónicos y diseñadores, modeló el proyecto en el primer semestre de 2018, pero recién se puso a digitalizar e imprimir las piezas en enero de 2019.

Las demoras, remarca Paredes, no fueron tecnológicas sino más bien debido a una ceguera institucional de otros museos que no acogieron su propuesta sin darles mayores argumentos.

Cuando se acercaron al Museo de Oro del Perú y Armas del Mundo no solo encontraron eco sino un aliado. “Les abrí las puertas al minuto, porque para nosotros sí es importante que los museos sean abiertos y de fácil acceso para todo el mundo”, afirma Camila Pérez Palacio, una de las directoras.

Ninguna de las 24 piezas escogidas por la historiadora Paloma Caicedo fue sacada de sus urnas, como parte del convenio. Hacer lo contrario significaba ponerlas en riesgo. Tuvieron que crear unas urnas de acrílico, donde colocaban una especie de stickers o chupones llamados targets para realizar el escaneo. En condiciones normal los targets se pegan directamente al objeto. Pero, como decíamos, este trabajo implicaba otros cuidados.

Son trece impresoras con las que cuenta la universidad. Algunas imprimen en kepler (el material de la correa de seguridad de los automóviles) y carbón, y otras en stratasys para geometrías más complejas. Fue una de ellas la que reprodujo el Tumi de oro, emblema del Museo de Oro, ese cuchillo ceremonial usado por los moche y chimú que honraba a Naylamp, ser mítico del antiguo Perú. Tan valiosa que es la única joya que no sacan del museo para sus exposiciones en el extranjero.

Es el cuchillo dorado que Joaquín Mansilla tiene entre sus manos. Joaquín es el primer niño en tocar alguna de estas réplicas. No estaba previsto. De hecho, toda la colección ha permanecido los dos últimos meses en la biblioteca del museo. Pero esta será su recompensa por aguardar en la calle junto a su abuela para ser el primer visitante este miércoles por la mañana.

“Uno puede saber lo que sería sostener en tus manos la pieza y saber cómo lo podrían haber sostenido los indígenas en ese momento”, dice este nene chileno de diez años, nacido en Puerto Montt, que ha aprovechado un curso de su madre para vacacionar en Lima.

Hay que verle en los ojos su genuino interés. La sesión de fotos dura lo que tiene que durar. Pero Joaquín sigue toqueteando el tumi de resina al pie del otro tumi de oro macizo.

¿Cuántos habríamos dado lo que sea por ser Joaquín? De niños y de grandes. Porque, aunque Tacto Museo, como se llama finalmente el proyecto, inició con el fin de mejorar las experiencias de las personas con discapacidad visual, en realidad, está hecho para todos, en el sentido más inclusivo y familiar de la frase. Y didáctico, claro está. Qué mejor aprendizaje que tocar lo intocable.

Sala interactiva

Una mujer camina con una momia en brazos por uno de los pasillos del sótano del Museo de Oro. Desde lejos, la escena podría resultar monstruosa. De cerca, uno está en condiciones de respirar más tranquilo. Y es que se trata de una aterradora momia de cartón.

“La he sacado para ver qué pasa”, dice la directora Camila Pérez Palacio, con hilaridad. La mujer avanza a paso ligero, y finalmente la coloca sobre una vitrina, al pie de otra donde están las conchas spondylyus, el denominado oro rojo de los incas, que servía como monedas de transacción, así como para rituales religiosos y ofrendas funerarias.

Esta momia de cartón, que demoró una semana y se laminó por partes, es una réplica de una momia de la cultura Nasca. Debido a los saqueos no se ha recabado mucha información, pero se sabe que es un joven. La posición fetal era muy utilizada por las Nasca porque se creía que así se les preparaba para cuando renacieran. Es impactante ver cómo se coge el rostro.

No tiene que pasar mucho tiempo para que la traviesa directora del museo cumpla su cometido: todos los visitantes preguntan por la réplica. Aunque es cierto también que pocos se atreven a tocarla a pesar de que Camila Pérez los incita. Un reparo que será desterrado en la medida en que otras instituciones se unan a Tacto Museo o inicien alternativas similares.

Fabricio Paredes, el director del Centro de Innovación Tecnológica de la Universidad de Lima, no quiere comer más ansias y desea llevar en breve la muestra al colegio San Francisco de Asís, antes de que concluya el año escolar. Será una sorpresa para los niños con discapacidad visual.

“Queremos llevar estas piezas a las aulas, a los colegios. Formar una especie de museo itinerante”, señala.

Más allá de este deseo bastante posible, Paredes está en coordinaciones con la directora Camila Pérez Palacio para implementar una sala interactiva. No exactamente en el mismo espacio de estos tesoros arqueológicos, pero sí dentro del Museo de Oro, evidentemente.

“Quizá no replicaremos armas en el futuro, pero sí armaduras, espadas”, agrega.

Hay que recordar que el Museo de Oro posee una gran colección de joyas bélicas. Algunas con mucho valor sentimental, como pistolas de Miguel Grau o prendas y medallas de Francisco Bolognesi, y otras de más alcance mundial, como intimidantes armaduras samurai.

Es preciso mencionar también que las 24 piezas de esta primera muestra de Tacto Museo han sido diseñadas a escala natural. Desde ahora, lo prohibido será no tocar.

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