Gustavo Mohme Seminario y su padre en la redacción del periódico, cuando llegaron las primeras computadoras.
Gustavo Mohme Seminario y su padre en la redacción del periódico, cuando llegaron las primeras computadoras.

La República: Origen y madurez de un diario

Si fuera una persona, este periódico sería un joven maduro que, ad portas de los cuarenta, ha sido curtido por la experiencia, no teme decir lo que piensa y es de tendencia progresista. La República cumple 38 años. Esta es una reseña de su paso por la vida política, de este país, contada por sus periodistas y directivos.

La República
18 Nov 2019 | 17:45 h

Fue en un café de Miraflores. La idea de fundar el periódico que tiene entre sus manos surgió en medio de la conversación de dos periodistas desempleados. Cuenta el mito que Guillermo Thorndike y un colega suyo habían renunciado a sus puestos de trabajo en el desaparecido diario La Crónica.

A cada sorbo de café y desilusionados por la línea editorial del medio, cavilaban cómo hacer un periodismo diferente que no atendiera a "intereses subalternos, sino a todo el pueblo, a toda la república" (ya entenderá el lector de dónde viene el nombre de este periódico).

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Así de idealistas eran sus planes, pero para hacerlos realidad les faltaba la variable más importante: el dinero. Thorndike, entonces, mencionó a un potencial financista y amigo suyo, "un hombre honesto, comprometido con los intereses del pueblo y con los medios para brindarnos el apoyo", le dijo a su colega.

Se trataba del ingeniero Gustavo Mohme Llona, un exitoso empresario piurano de la construcción, pero también un participante activo de la vida política del país. Fue el primer financista que dijo que sí y se casó con el proyecto.

Otros hombres de negocio no tardaron en unirse a la lista de accionistas. Pero fue Mohme Llona –quien fue involucrando a su familia en el proyecto– el que se quedó más tiempo en el directorio. Se convirtió luego en accionista mayoritario, en director periodístico y en un referente para todo el personal del periódico que lo llama hasta hoy, con nostalgia, "papá Mohme".

La República, finalmente, vio la luz un 16 de noviembre de 1981, un día como ayer, respirando los primeros aires de la vuelta a la democracia.

Salió a la venta en blanco y negro, a las cuatro de la tarde. Fue el resultado de días de trabajo intenso de un equipo de periodistas, reporteros gráficos, personal de producción, un equipo multidisciplinario, en suma, que conforme llegaba el día del lanzamiento, mataba la angustia consumiendo un pucho tras otro en los ceniceros del cuarto piso del jirón Huancavelica 446. Ese fue el primer local del periódico.

Cumpliendo con su cometido de ser 'la voz de los sin voz', su primera portada fue una denuncia contra el tráfico de bebés de mujeres pobres, que eran robados de una cuna que aparentaba ser de servicio social.

Había nacido La República. "Este periódico está hecho por gente como usted o como yo, imbuidos en ese terco afán de que todo salga bien, de que haya justicia y paz en el Perú", escribió Alejandro Sakuda, el jefe de informaciones de entonces.

Varias generaciones

Son 38 años los que lleva a cuestas este periódico. Por aquí han pasado varias generaciones de periodistas: los que tecleaban con furia las legendarias máquinas de escribir Remington entre gritos, nervios y cierres de madrugada; los que se adaptaron a las computadoras cuando empezaban a dominar el mundo; los que encontraron en Google el gran aliado para resolver todas sus dudas; los que hoy teclean frenéticamente para ser los primeros en dar la noticia vía redes sociales.

Los perfiles de los periodistas han variado a medida que avanzó la tecnología, pero esperemos que sus principios no.

Pocos quedan del equipo fundador. Tito Hernández se jubiló como jefe de Corrección de esta casa donde laboró 33 años: "La República se caracterizó por ser crítico de los desaciertos de los gobiernos, por ser un medio plural donde tenían lugar todas las opiniones, por ser un periódico de promoción de la defensa de la justicia y la verdad".

Fue el primer medio impreso que formó una Unidad de Investigación (1991) que, con Ángel Páez a la cabeza, tiene varios destapes: la liberación de los 11 campesinos de Cajamarca acusados injustamente de terrorismo; las matanzas del Grupo Colina; la gran estafa de la compra de los aviones MIG 29; el desfalco de las arcas públicas para financiar la reelección de Alberto Fujimori; la mafia del exgobernador regional de Áncash César Álvarez; el robo de gasolina en la gestión de Edwin Donayre como jefe de la Región Militar Sur.

Y no olvidamos a los colegas que fallecieron cumpliendo su labor periodística en plena guerra contra el terrorismo: el fotorreportero Jorge Sedano murió junto a siete periodistas más en la masacre de Uchuraccay en 1983, y al año siguiente, nuestro corresponsal en Ayacucho, Jaime Ayala, fue detenido y desaparecido por los militares.

En el año 2000, mientras La República denunciaba la farsa de la reelección de Fujimori, otro hecho penoso enlutó al periódico: la muerte de Gustavo Mohme Llona, ya para entonces nuestro director periodístico.

Quiebres inesperados

Murió frente al mar, de un paro cardíaco. Su hijo, el ingeniero Gustavo Mohme Seminario, recuerda ese momento. Pensaba en quién podría reemplazar a su padre en el periódico. “No teníamos ni idea de qué hacer, la muerte fue muy repentina”. Una conversación con un allegado a la familia hizo que tomara una decisión: él asumiría la posta de la dirección periodística.

"Era una época de lucha contra el fujimorismo. Había mucha incertidumbre sobre lo que pasaría con La República. Carlos Boloña [ministro de Economía y Finanzas en ese momento] me llamó en pleno velorio para comprar el periódico".

Como flamante director periodístico, Mohme hijo se fue familiarizando con la, a veces, imprevisible rutina periodística. Aunque tampoco era tan extraño al diario. Había cumplido labores administrativas como gerente general.

Fue él quien reemplazó las viejas máquinas de escribir por las Macintosh Plus de 128 kb de Ram, las primeras computadoras de diskette que revolucionarían el trabajo en la redacción.

Y claro, a los viejos periodistas les costó un poco adaptarse. Cuenta Mohme una anécdota con el desaparecido Óscar Cuya, titulero exquisito y editor de cierre: "Reflotó del almacén su vieja máquina de escribir y la trajo de vuelta a la sala de redacción. No fue fácil, pero al final aceptó el cambio. Cuya era uno de los periodistas históricos de La República".

Y sobre los cambios que afectan no solo La República sino a todos los medios, con la irrupción de las nuevas plataformas informativas, Carlos Castro, subdirector periodístico desde hace 22 años, opina:

"Vivimos contra el tiempo, presionados por soltar la noticia lo más rápido posible. Hay una competencia feroz. A estas alturas cualquier plataforma debe ofrecer un contenido de calidad y para eso debemos trabajar".

Así seguimos, bajo los principios sobre los que se fundó este periódico: “En busca de una república superior”

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