¡Ay, dolores!

Si su experiencia más dolorosa ha sido un contrazuelazo en el coxis, tal vez no entienda a quienes conviven cada día con el dolor, pese a que han intentado de todo para alejarlo. Por suerte, ahora existen disciplinas que ayudan a sobrellevarlo. Es que, hoy, el alivio del dolor se considera un derecho humano.

Maritza Espinoza
Maritza Espinoza
15 Dic 2019 | 13:24 h

“Parirás con dolor”. “Bienaventurados los que sufren”. “El que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado”.

Son frases bíblicas que quienes crecimos en la cultura judeocristiana hemos oído desde niños. La idea de que el dolor es bueno está incrustada en nuestros cerebros, anclada en nuestras costumbres y, en pleno siglo 21, todavía se reaviva cada Viernes Santo, cuando vemos erguirse la imagen de un Cristo torturado y sangrante como ejemplo de todas las virtudes.

Pero, muchas veces, el dolor es ese compañero insufrible que altera nuestras vidas y solo un especialista -o varios- puede enfrentarlo. Son esos dolores que suele tratar Rodrigo Diez Tafur, especialista en Medicina del dolor de la Clínica Angloamericana, quien opina que sacralizar el dolor es un problema.

“Muchos pacientes dicen: 'ya me acostumbré a este dolor', pero nadie tiene que vivir con eso. Hoy por hoy, se debe evitar padecer cosas que podemos tratar con eficiencia”, señala.

Por su parte, Elizabeth Díaz, anestesióloga y terapeuta del dolor del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas, cuya labor es brindar cuidados paliativos a quienes sufren dolores oncológicos, afirma que el dolor como algo que hay que aguantar porque lo ha enviado Dios es una creencia muy enraizada, pero asegura que las cosas han cambiado mucho.

“Hace diez años, en España, un clérigo decía: 'Jesús murió en la cruz sin cuidados paliativos y fue una muerte digna para salvarnos'. En cambio en 2014, el papa Juan Pablo II dijo: si me van a matar, porque me han amenazado de muerte, solo le pido a Dios que no me duela, porque soy muy cobarde para el dolor físico”, cuenta Elizabeth y agrega: “Ya no tenemos por qué pensar que el paciente debe tolerar algo que ahora se considera tortura”.

En efecto, en 2012, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, estableció, en la llamada Declaración de Montreal, que el tratamiento adecuado del dolor es un derecho humano y que el médico que no lo brinde a tiempo puede ser denunciado por tortura. Obviamente, la información no ha llegado a nuestros hospitales públicos, donde miles de enfermos deben aguantar sus dolores por horas antes de acceder a un paliativo.

Convivir con el dolor

Para algunos, como Carmen Mondragón, relacionista pública y periodista, el dolor es un compañero de vida. A los cinco años, comenzó a sufrir de psoriasis, lo que, al producirle cada vez más estrés, desencadenó otras enfermedades: artritis en las manos, diagnosticada a los 25 años -tiene 39- y fibromialgia.

“Todos los días me levanto con las manos duras, no las puedo mover”, cuenta con naturalidad, y agrega que la parte más dolorosa comenzó a los 30. “El motivo (de estrés) fue mi divorcio. Tuve que ir al terapeuta, porque fue inmanejable para mí”.

También, por el dolor, renunció a ser madre: “Y no porque no me gusten los niños, sino que tengo miedo. Si así nomás me duele el cuerpo, ¿cómo será con un embarazo?”, se pregunta.

Hace un par de años, vivió el infierno: “De un momento a otro perdí mi trabajo, justo para fiestas, y fue un tema emocional que tampoco pude manejar. Tenía dolores todo el día. Me pasé dos meses en cama sin salir”.

Por si fuera poco, su trabajo de relacionista pública es otro factor de estrés. Ahora se desempeña como jefa de prensa de Somos Perú, pero no sabe qué será de ella terminada la campaña. “Los médicos me han recomendado dejar mi carrera, pero no sé hacer otra cosa, es la única manera que sé de ganarme la vida”.

Por suerte para ella ha logrado paliar en algo el dolor que padece: “Yo era caserita de Kaita y Santa Natura, pero nada me funcionaba, hasta que el año pasado por fin encontré a una nutricionista especializada en enfermedades degenerativas que me ayudó a cambiar radicalmente mi alimentación. Bajé 35 kilos y, al balancear mi alimentación, los dolores han aminorado. Antes me daban ganas hasta de llorar. Ahora he aprendido a tolerarlos y me duele muchísimo menos”.

Una bala en el cuerpo

Claudia Velasco, coach y profesora de mindfullnes, ha vivido con el dolor hace diez años. Sufre también de fibromialgia, problema que afecta más a mujeres que a hombres: 85% de pacientes son del sexo femenino.

“Es constante y también parece que caminara en el cuerpo. Primero te duele, digamos, la pierna, luego el brazo, el cuello y como que el dolor va ganando territorio en tu cuerpo”, detalla Claudia y cuenta sus intentos por alejar de su vida esa pesadilla: “He acudido al biomagnetismo, a masajes, a acupuntura. No soy de pepearme, pero sí te recomiendan un antidepresivo, Lyrica, que a mí terminó deprimiéndome”.

Hace cinco años, Claudia decidió cambiar de vida y comenzó a estudiar coaching y a enseñar meditación. "Allí vi cambios mayores y me asombré. Antes dependía de los masajes y de pronto me di cuenta que hacía tiempo no los necesitaba. Lo que más me ha ayudado es la meditación combinada con el yoga. Y ha sido natural. Como cuando bajas de peso sin hacer dieta”.

La fibromialgia continúa, pero ahora es una compañera de ruta. “Tengo dolor todos los días, pero ahora, y uso un ejemplo que me dio alguien en mi clase refiriéndose a los dolores del alma, ‘el dolor es como si tuvieras una bala alojada en el cuerpo. Sabes que, si te mueves de un modo, te duele. Entonces, ya no te mueves para ese lado”.

Aprender a convivir con el dolor crónico es, en muchos casos, la mejor salida. “Muchos pacientes vienen al consultorio pensando que van a salir saltando en una pierna, pero no siempre es así. Parte del trabajo con los pacientes es plantear expectativas reales. Si tienes un dolor hace diez años, es muy poco probable que yo pueda quitártelo al 100%.”, manifiesta Diez Tafur.

En efecto, un 70% de pacientes en una unidad de dolor como la que dirige, tiene buenos resultados, pero un 30% no, por diferentes motivos, el principal de los cuales es la falta de adherencia del paciente al tratamiento.

Preguntas pertinentes

Pero, ¿qué es el dolor? ¿Es más real el dolor de un pinchazo que una migraña? “El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, subjetiva y, para los especialistas, debe existir cuando el paciente dice que existe, haya o no una causa evidente”, señala Elizabeth Díaz, mientras Rodrigo Diez, que comparte la definición, agrega: “Hay otra definición bonita que me dio una enfermera: dolor es todo lo que el paciente describe como doloroso”.

“Una primera definición que hay que separar bien –puntualiza el médico- es lo que es dolor agudo del dolor crónico y del dolor oncológico. Y el dolor crónico es considerado una enfermedad en sí misma”.

También cabe la posibilidad de un dolor puramente imaginario. “Hay cuadros muy extraños. El síndrome de Munchausen es uno y es más del ámbito siquiátrico, pero hay pacientes que tienen un componente emocional. No se me malinterprete, pero pueden sentirse mal y adoloridos sin que haya nada físico. Allí tenemos que manejar ese síntoma de otra manera, con ayuda de psicólogos, hipnosis, mindfullnes o medicación psiquiátrica”

Suele decirse también que ser optimista ayuda con el dolor. Rodrigo Diez lo confirma: “Las emociones juegan un rol importante. Una persona feliz enfrenta mejor el dolor, que es, por definición, una experiencia sensorial y emocional. Lo que ocurre es que las emociones generan endorfinas. Tenemos un sistema opioide endógeno y un sistema endocannabinoide. Todas esas moléculas actúan mejor con el ejercicio, la risa, la alegría… ”

Elizabeth tiene una opinión algo diferente: “Estamos llenos de pacientes que, al enfrentar un diagnóstico de este tipo (cáncer), se vienen abajo y piensan hasta en la eutanasia. Por eso no nos basamos solo en el antecedente de la condición emocional o sicológica del paciente, sino trabajamos el aspecto cognitivo, conductual, con estrategias tanto sicológicas, como emocionales o espirituales”.

Y ya que hablamos de lo espiritual, alguien dijo que el dolor es “el esfuerzo necesario para aferrarse a un pensamiento negativo”. Si esto es cierto, el primer consejo que habría que dar a alguien que sufre de dolor crónico sería que vigile sus pensamientos. Nadie sabe cuándo pueden volverse contra uno mismo. 

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