Durante casi diez años, ofició las ceremonias religiosas en dos parroquias de Argentina. Foto: Facebook.
Durante casi diez años, ofició las ceremonias religiosas en dos parroquias de Argentina. Foto: Facebook.

Dejó el sacerdocio a los 42 años para casarse con su novio: “No quería una doble vida”

Pablo García descubrió su homosexualidad cuando ingresó al seminario. Hoy, tras renunciar al ministerio religioso, afirma haber “encontrado la felicidad”.

La República
24 Sep 2019 | 20:21 h

“El corazón nunca se equivoca”, dice Pablo García, el hombre que dejó el sacerdocio a sus 42 años para casarse con su novio, el colombiano Óscar Acosta.

Durante casi diez años, ofició las ceremonias religiosas en dos parroquias de Argentina.

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Sin embargo, fue en Villa Mercedes cuando, hace tres años, decidió dejar su sotana para “perseguir su felicidad”.

En diálogo con la radio colombiana La W, Pablo García reveló que fue una crisis emocional la que provocó que escribiera a sus superiores de la Orden de San Agustín.

En su misiva, les pedía una dispensa de sus obligaciones por un año, tiempo en el que se enamoró de su hoy esposo, Óscar Acosta.

Ambos contrajeron matrimonio en agosto 2017 y hoy trabajan juntos en la organización de eventos en Argentina.

"Fue una noche soñada con muchos invitados que no conocían la historia. Hicimos un video donde cada uno contó su pasado y así muchos se enteraron que había sido cura”, contó Óscar Acosta.

Aún les queda pendiente la luna de miel en Europa, pero tienen tiempo de sobra para seguir concretando sueños.

Para Acosta, “Dios nos quiere por sobre todas las cosas felices. Cuando conocí la realidad de Pablo me pareció que no tenía nada de extraño”.

Foto: Difusión.

“Vivimos como cualquier otra pareja, tenemos nuestra familia, un trabajo socialmente aceptable, somos reconocidos por nuestro trabajo. Hay mucho morbo desde el otro lado en vez de ser empáticos con la situación”, explicó.

“Renuncié al sacerdocio, pero no a Dios”

Pablo García se crió en San Vicente, una localidad de Buenos Aires (Argentina).

Pero su relación con la Iglesia católica empezó en Salta, después que se mudara con sus tías debido al fallecimiento de su mamá.

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Entonces tomó la Comunión y la Confirmación, y a los 21, llegó el llamado espiritual de parte de la Orden de San Agustín.

Un sacerdote lo invitó un retiro vocacional “y en el ‘98 ingresé a la casa de formación, que es como un seminario”.

Estuvo 9 años y uno más en Brasil: "allí estuve dedicado más a la espiritualidad, a conocer las raíces de San Agustín”.

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Después de estar un año en Montevideo, Uruguay, Pablo García viajó a Buenos Aires y fue designado a los templos de San Agustín y el de San Martín de Tours.

Por aquellos días —confesó—, tuvo encuentros homosexuales en secreto.

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Pero un día viajó a la ciudad a cuidar a su padre enfermo y supo que su vida estaba en otro lado.

“Mi papá ya tenía dos by pass y parecía que ya no daba para más. Me quedé una semana acá y en ese momento me contacté vía Facebook con Oscar. Aún no había dejado el sacerdocio, lo estaba pensando, era un momento de reflexión, de crisis por saber si seguía con mi vocación o con esto que estaba sintiendo", añadió Pablo García.

“Renuncié al sacerdocio, pero no renuncie a mi fe. Creo en un dios que ama, que comprende, mas allá de la condición sexual. Nunca me alejé de Dios, creo que cada vez estoy más cerca de él”.

Óscar Acosta, por su parte, cree que “quien busca su felicidad independientemente consigue grandes cosas”.

“La homosexualidad no te habilita ni te priva para cualquier cosa”, finalizó.

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