Los Fernández

Argentina entre la crisis y el experimento.

Editorial Editorial
10 Dic 2019 | 0:44 h

El presidente Alberto Fernández asume el Gobierno de Argentina en una situación excepcional, signada por la crisis económica, la herencia del liberal Mauricio Macri y en el mediano plazo del pasado también del peronismo, y la composición de la nueva administración como resultado de un acuerdo al interior del justicialismo con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner –dos veces presidenta del país– como una figura destacable y compleja.

La estructura del Gobierno ya es un desafío. El presidente designó un gabinete de cara a las principales tendencias del peronismo, esforzándose al mismo tiempo por demostrar que el que manda es él, contra el extendido sentimiento popular que lo coloca en una posición dependiente de su vicepresidenta. En adelante, queda claro que esa será la asignatura pendiente de Fernández presidente en el precario equilibrio interno que será uno de los frentes del nuevo gobierno.

En el sistema argentino, la vicepresidencia no es protocolar. Quien ejerce este cargo preside el Senado, mantiene una cuota muy importante de poder, que en el caso de Cristina Fernández de Kirchner se amplía por su condición de líder del peronismo y guardiana de la herencia de los doce años que gobernó con su esposo. Fernández, ahora vicepresidenta, no se desprenderá de esa cuota de poder superlativo.

El Gobierno hereda una delicada situación económica, de modo que no tendrá ni un solo día de luna de miel. Sobre la mesa se encuentran urgencias urticantes como la inflación que este año cerrará en 55% con el resultado del aumento de la pobreza que ronda el tercio de la población.

Los Fernández obtuvieron un triunfo electoral con base en una campaña de denuncia del programa económico de Macri y prometiendo otra política. Esta, sin embargo, no podrá ser un retorno plano al pasado, y no solo porque ella tuvo consecuencias notables para los argentinos sino por la vigilancia que la sociedad ejercerá sobre el Gobierno. Argentina ha cambiado y es muy probable, por ejemplo, que no se podrá volver a una política agresiva de subsidios.

El Gobierno se inicia con una fase de conciliación. El presidente intentará alcanzar acuerdos con todos los sectores productivos internos, pero también con el FMI para evitar una cesación de pagos como la del año 2002, ahora debido a la cuantiosa deuda externa que supera las tres cuartas parte del PBI actual. En ese esfuerzo, el Gobierno deberá emplearse, si desea el éxito en una nueva heterodoxia, a cierta parte del discurso de los tres gobiernos de los Kirchner.

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