Niñas son víctimas de explotación sexual ante la crisis que ha dejado la COVID-19 en Kenia

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21 Oct 2020 | 9:01 h
La ONU advierte que millones de niños pueden verse obligados a realizar trabajos peligrosos, tras el cierre de las escuelas. Foto: ACNUR
La ONU advierte que millones de niños pueden verse obligados a realizar trabajos peligrosos, tras el cierre de las escuelas. Foto: ACNUR

Desde el cierre de las escuelas en marzo, unas 1.000 menores han sido víctimas de prostitución infantil. La mayoría trata de ayudar a sus padres a pagar las cuentas.

“Si consigues cinco dólares en la calle, es como si fuese oro”, dice una adolescente de 16 años a la agencia AP en un pequeño cuarto que alquila en la capital keniana con sus dos amigas.

Cuentan que fueron abusadas sexualmente y golpeadas cuando pidieron que les pagasen —apenas un dólares— para ayudar a sus familias en estos momentos en que los trabajos son escasos por la pandemia.

Las adolescentes dicen que han preferido no pensar en el peligro de contraer coronavirus o el VIH cuando lo que cuenta es la supervivencia. Entre las tres pagan 20 dólares que cuesta el alquiler en un edificio en el que todos los cuartos los ocupan trabajadoras sexuales.

La UNICEF —el organismo de las Naciones Unidas abocado a la niñez— resaltó con mucha preocupación que los esfuerzos de los últimos tiempos por erradicar el trabajo infantil corren peligro de ser anulados por la COVID-19 y por primera vez en 20 años podría registrarse un aumento en la cantidad de menores que trabajan.

La ONU advierte que millones de niños pueden verse obligados a realizar trabajos peligrosos, tras el cierre de las escuelas, porque esta situación agrava el problema.

La ONU advierte que millones de niños pueden verse explotados a realizar trabajos peligrosos, tras el cierre de las escuelas. Foto: AFP

Mary Mugure, una extrabajadora sexual, lanzó Night Nurse, una iniciativa para rescatar niñas que siguen ese camino. Ella menciona que desde el cierre de las escuelas en marzo, 1.000 menores empezaron a ser explotadas sexualmente en los tres barrios de Nairobi que ella monitorea. La mayoría tratan de ayudar a sus padres a pagar las cuentas.

Una niña de 11 años es “la más joven”, señala Mugure.

Debido al confinamiento que dispuso el Gobierno para evitar la propagación del coronavirus, las familias perdieron sus empleos. “Ahora le doy a mi madre 1,84 dólares diarios y eso la ayuda a alimentar a los demás”, mencionó una menor.

En otro sector de Nairobi, la madre soltera Florence Mumbua y sus tres hijos, de 7, 10 y 12 años, parten piedras en una cantera bajo un fuerte calor, luego de perder su empleo en el que limpiaba una escuela privada.

“Tengo que trabajar con ellos (los hijos) porque tienen que comer y lo que gano yo sola no alcanza”, explica. “Trabajando en equipo, sacamos lo suficiente para comer”.

La UNICEF resaltó que los esfuerzos por erradicar el trabajo infantil corren peligro de ser anulados por la crisis de la COVID-19. Foto: WORLD VISION

Phillista Onyango, quien dirige la Red Africana para la Protección y Prevención del Abuso y el Abandono de Menores, enfatiza que, al no mencionar las escuelas, muchos padres de barrios pobres prefieren que sus hijos trabajen a que se queden en casa y corran peligro de caer en las drogas y la delincuencia.

Las tres menores de edad que comparten un cuarto esperan no tener que prostituirse toda la vida, pero al mismo tiempo afirman que es poco probable que regresen a la escuela. “En nuestros barrios éramos niñas ejemplares”, dice la adolescente de 16 años.

“Allí, si llegas a los 16 años sin haber quedado embarazada y vas a la escuela, has triunfado. No habíamos quedado embarazadas y estábamos a esto de completar la secundaria y de hacer historia”, agrega a la agencia AP.

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