La mala idea de cambiar de Constitución

Mejor revisar cada reforma en vez de hablar de una nueva.

Augusto Álvarez Rodrich.
11 Dic 2019 | 0:27 h

Una propuesta que repiten cada vez más candidatos al congreso que se estrenará en 2020 es cambiar de constitución, una idea atractiva, pero que, en realidad es bastante mala, además de transmitir algo de ignorancia pues muchos postulantes que la sugieren tienen dificultad para precisar qué les molesta de la actual, y hasta parecen ni haberla leído.

El cambio de constitución es una propuesta antigua de la izquierda repetida durante los últimos tres años, aunque en esta temporada electoral ha empezado a tener más entusiastas.

Es una propuesta ‘sexy’ para algunos pues alude a ‘empezar de nuevo’ y contiene un componente antifujimorista pues la constitución la promulgó Alberto Fujimori en 1993 tras un apretado referéndum que ganó 52%-48%.

Pero la versión actual de la constitución no es la misma de entonces pues ha tenido varios cambios importantes, como el impedimento de reelección presidencial inmediata hecha a inicios de siglo, o la no reelección parlamentaria votada en el referéndum de 2018.

Si en lo político es claro que ha tenido varios cambios, y aún están pendientes otros para perfeccionar el marco institucional como el restablecimiento de la bicameralidad, con frecuencia los planteamientos –especialmente de la izquierda– apuntan al cambio del capítulo económico, suponiendo que ello permitirá una mejora de la calidad de vida de la población.

Es un planteamiento errado. Primero, el anuncio de un cambio integral del capítulo económico de la constitución implicaría una paralización de inversiones a la espera de una definición.

Segundo, lo que se necesita es mejor calidad de las políticas públicas, algo que no pasa por el cambio de constitución o de su capítulo económico de manera integral. “Una nueva constitución puede aliviar la situación política, pero en términos económicos no soluciona nada”, comenta el economista Waldo Mendoza, en coincidencia con Roberto Abusada: “La falsa creencia de que los problemas económicos y sociales se resuelven con una nueva constitución”.

Sin descartar que algunas revisiones puntuales de la constitución siempre se pueden hacer–, es mejor evaluar reforma por reforma antes de hablar de cambiarla en su integridad.