Nos habíamos amado tanto

“Hoy todos nos queremos por el Twitter o el Instagram. ¿Nos queremos? No. Hemos aprendido a odiarnos”.

Eloy Jáuregui
20 08 2019 | 02:01h

Yo aprendí a leer escuchando la radio. Pocho Rospigliosi fue mi guía. Ferrando mi religión. Era la edad de oro de la radio. Vargas Llosa trabajaba en Radio Panamericana y Grados Bertorini y Genaro Carnero Checa tenían espacios de opinión. Escuchaba así a Ramírez Lazo, Avendaño o Tealdo al amanecer y al acostarme. Eran pues señores periodistas. Con sabiduría y genio.

Leía La Tercera y Última Hora aunque en casa mi padre era fanático de El Comercio. Prado, Pérez Godoy y Belaunde gobernaban el Perú desde esos apachurrantes años 50 y recién llegaba el rock y el twist. Entonces por las tardes iba a canal 5 a los programas de Kiko Ledgard y por la noche al auditorio de Radio Victoria a escuchar a Jesús Vásquez.

Viajaba en el tranvía y mi madre preparaba cebiche de bonito y mis hermanas escuchaban a la Sonora Matancera. Por eso pensaba que era cubano, porque en esos años triunfó Fidel y hubo fiesta en el edificio de Surquillo donde todos éramos comunistas e hinchas del Sport Boys.

Los domingos llegaban a los almuerzos de mi casa los amigos de mi padre que era librero. Ahí conocí a Arguedas, Gustavo Valcárcel. Ribeyro, Jaime Guardia, García Zárate y Los Errantes de Chuquibamba. La vida era apacible y de cualquier cosa llorábamos. El título de Clay, la tragedia del estadio, el hombre en la Luna.

Cuento esto porque soy poeta y ese tiempo me marcó. Y de pronto llegó Internet y los influencers, los youtubers y los millennials y se acabó la poesía. Hoy todos nos queremos por el Twitter o el Instagram. ¿Nos queremos? No. Hemos aprendido a odiarnos y descreer en todo. Yo tengo fe. Es que soy poeta.

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