Nalgas en el candelero

“Ya sé, hay temas más importantes pero este sacudimiento de poto polariza la moral global. El pudor gringo contra la cadera sensual”.

Eloy Jáuregui
25 Feb 2020 | 5:31 h

Desde que tuve al frente a Betty Di Roma, zarina del hemisferio nalgatorio chalaco, no había sentido ganas de escribir sobre potos. Y hoy la polémica se eriza, luego que JLo y Shakira, en el intermedio del Super Bowl, le rompieron la madre a la asamblea más conservadora de los EE.UU.

Ya sé, hay temas más importantes pero este sacudimiento de poto polariza la moral global. El pudor gringo contra la cadera sensual. Nací en una familia de bailarinas. Mi madre, mis tías, mis hermanas, mis primas. No eran vedettes, eran así. Seguro siguiendo el canon nativo de Anakaona o Mara La Salvaje. Y del cine, Tongolele y Ninón Sevilla.

Santurrones han puesto el chillido en el cielo. Qué latinas tan inmorales, dicen. Y no entienden que ambas damas pasan los 40 y son bellísimas amén por el sismo de sus nalgas. ¿Incomodan sus culos redondos y rebotantes que se mueven sin remordimientos?, se pregunta Rosa Montero en su columna “Mostrar el culo”.

Un poto nuestro es único. Vean bailar a Sonia Morales o Dina Páucar. Son nalgas mestizas, luego fusión de africana con criolla, árabe con chalaca. Posaderas para el gozo visual de la danza no aptas para hipócritas. Bueno, en Cuba, por decreto, acaban de prohíbe el reggaetón, por poto-exhibicionista. No vaya a ser que en el Perú aparezca el “Con mi poto no te metas”

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