Cuarentena en reflexión

En este escenario, la naturaleza llama nuestra atención, señalando la vulnerabilidad e indefensión de la condición humana.

Columnista invitado
28 Mar 2020 | 6:20 h

Algunos meses atrás, ninguno de nosotros hubiera sido capaz de imaginar la difícil situación en la que se encontraría la humanidad frente a la pandemia por el nuevo coronavirus. Millones de individuos viviendo en estado de emergencia, confinados a sus hogares, con restricción de sus libertades individuales.

A diferencia de pandemias anteriores, en el 2020 contamos con redes de información que nos dicen al instante lo que pueda estar ocurriendo en cualquier lugar del mundo, por más apartado que se encuentre.

Hoy las redes sociales conectan en tiempo real a miles de individuos que comentan sin mayor responsabilidad lo que ocurre a su alrededor o a la distancia. Redes sociales a la fecha literalmente “viralizadas”.

Vivimos en tiempos de economía de mercado, de oferta y demanda. De PBI y modelos económicos. Capitalismo. Dinero, consumo y “chorreo” se dan la mano con pobreza y miseria. Informalidad, falta de educación y oportunidades, xenofobia, racismo, fundamentalismo ocupan un lugar preponderante en las sociedades modernas.

Asistimos a enormes avances científicos sobre las principales entidades médicas que aquejan a los humanos. Modalidades de diagnóstico y tratamiento nunca antes imaginadas (MRI, PET scans). Innumerables alternativas para enfrentar las enfermedades, de acuerdo con el desarrollo tecnológico alcanzado. (Módems, nanotecnología, gigabytes).

En este escenario, la naturaleza llama nuestra atención, señalando la vulnerabilidad e indefensión de la condición humana. Pone en marcha la diseminación de un microorganismo de muy fácil transmisión, capaz de desmoronar los sistemas de atención de salud de buena parte del planeta. Irónicamente un agente que para sobrevivir necesita de las células de un otro. El SARS-CoV-2.

Un virus muy similar al que causó la epidemia del Ébola, con altos índices de mortalidad en el 2014. Ocasión que desafortunadamente desaprovechamos como colectividad, para enfrentar un problema que debió interesarnos a todos.

Frente a las actuales circunstancias, tremendas son las limitaciones de nuestro sistema de salud, sobre todo con los más necesitados. Una enorme población carente de servicios mínimos de agua y desagüe, indispensables para reducir los riesgos de contraer la infección, viviendo en condiciones de hacinamiento, nos advierte del riesgo de una diseminación de la enfermedad y del colapso de nuestro sistema de salud.

Cabe preguntarnos: ¿es necesario llegar a una situación de tamaña envergadura para repensar las pésimas condiciones en las que se encuentra nuestro sistema de salud en el país? Lejos quedaron las huelgas y movilizaciones emprendidas en nuestra época estudiantil, buscando soluciones mínimas a las deficientes condiciones de salud de nuestra población menos favorecida, soluciones que lamentablemente, pasados los años, siguen sin encontrar respuesta.

Si la pandemia del Covid-19 ha de dejar lecciones, debemos considerar si somos capaces de emprender una acción de cooperación global, teniendo en cuenta los avances tecnológicos alcanzados, con el auxilio de redes sociales comprometidas, integradas en tiempo real y con la magia de la medicina moderna. Si lo somos, debemos ser capaces de considerar la opción de una sociedad alternativa de carácter inclusivo, dejando de lado diferencias de género, racismos, xenofobia, fundamentalismos.

Aceptar que no es posible seguir como estamos es necesario para un cambio radical en la estructura de la sociedad, donde dinero y consumo no sean más la religión de nuestros tiempos. Repensar las características básicas de la sociedad en la que vivimos, que permita contar con sistemas de salud globalizados para enfrentar los males que nos aquejan como colectividad. Una oportunidad para rectificarnos como sociedad frente a males crónicos ignorados: pobreza, falta de educación y de oportunidades, desnutrición, TBC, malaria, condiciones que debieran formar parte de nuestra historia.

En nuestras manos estará haber aprendido la lección.

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